Nuestra hermana María López Navidad, nace en el seno de una familia ubetense el día veintitrés de abril de mil novecientos ochenta y uno. Desde pequeña pertenece a la Cofradía del Santo Entierro de Cristo y Santo Sepulcro y es en esta cofradía donde crece como cofrade, participando activamente de una vida de hermandad, llegando incluso a pertenecer a su banda de cabecera junto a su hermana y otros mucho familiares.
Con el paso de los años y la llegada de las responsabilidades familiares, su actividad en la cofradía del Viernes Santo se volvió, en sus propias palabras, "un poco más efímera", aunque el amor por sus Titulares se mantuvo intacto, como una llama que nunca termina de apagarse.
Recientemente solicita su ingreso en la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora de Gracia, cofradía por la que desde siempre ha sentido un cariño especial y una gran devoción a su Amantísima Titular, la Virgen de Gracia, y que aumenta más si cabe cuando la hermandad del Lunes Santo adquiere su Casa de Hermandad muy cerca del domicilio de sus padres y por ende modifica su itinerario procesional para pasar cerca de dicha sede.
Debido a una enfermedad de la cual está terminando su tratamiento, aumenta su devoción hacia la Virgen María a través de la Sagrada Imagen de La Señora del Lunes Santo, en la que ha encontrado el consuelo y la fuerza necesarios para afrontar la adversidad. Este proceso no sólo ha fortalecido su fe, sino que ha despertado en ella la necesidad vital de involucrarse y formar parte activa de la Hermandad junto a toda su familia. Su esposo lo resume con una frase que hoy cobra más sentido que nunca: “Tenemos que devolver a la Virgen, dentro de nuestras posibilidades, todo lo que ha hecho por ella”.
María es, ante todo, una mujer sencilla, amante de su familia, luchadora y un claro ejemplo de fortaleza y también de humildad. Para ella, ser la persona encargada de reflexionar los Misterios del Rosario, en el Rosario de la Aurora que la Hermandad dedica a su Titular, no es sólo una gran responsabilidad, sino un privilegio espiritual y una oportunidad para dar testimonio de cómo la fe puede iluminar los momentos más oscuros.
En este Rosario de la Aurora, las palabras de María no serán solo literatura cofrade; serán el eco de una vida que agradece, que lucha y que confía plenamente en la Gracia de María.

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