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26 diciembre 2021

Cuentos de Navidad. Del II Concurso de Cuentos con Gracia "On Line"

Rubén Gutiérrez. 12 años
RUBENCITO, EL NIÑO QUE
NO LE GUSTABA LA NAVIDAD

Erase una vez un pueblecito llamado Villa Navidad, donde como su nombre indica, era un lugar en el que esta época del año era la más importante. Todos los habitantes de Villa Navidad se desvivían para que esta fiesta fuera la mejor. Todos adornaban sus casas con miles de lucecitas de colores, ponían en sus jardines muchas figuritas navideñas, donde no faltaba un muñeco de nieve, con su gorro y su nariz de zanahoria naranja. 

Dentro de sus casas tampoco les faltaba un árbol de navidad con muchas lucecitas de colores, bastones de caramelo y una preciosa estrella en todo lo alto. Todo el mundo en Villa Navidad, todos menos Rubencito, al que estas fechas no le gustaban nada. Estaba siempre enfadado y muy gruñón. Por ese motivo, siempre estaba solo, no tenía amigos y nadie quería jugar con él. Por eso, Rubencito se puso a pensar, pensar y pensar… hasta que llegó a la conclusión de que si no hubiese Navidad, los niños del pueblo no estarían tan preocupados por adornar las calles, las casas, por recibir regalos… y que así le haría más caso a él y tendría amigos con quien jugar. ¡Así es que decidió sabotear la Navidad de toda la villa! 

Por la noche, cuando todos dormían, él se dedicó a ir por las casas quitando todos los adornos y llevándose todos los regalos. A la mañana siguiente, que era el día de Navidad, todos los habitantes de la villa se llevaron una gran sorpresa y una gran decepción: ¡Alguien les había robado la Navidad!

Todos se reunieron en la plaza del pueblo, y tras mucho pensar y hablar, llegaron a la conclusión de que Rubencito era el culpable. Los buscaron y le preguntaron que por qué lo había hecho. El niño llorando desconsolado les dio sus motivos, y les dijo que se sentía muy solo y no tenía a nadie con quien celebrar la Navidad, y por eso la odiaba tanto.

Todos lo escuchaban conmovidos por lo que estaba contando, y tomaron una decisión: Rubencito podría pasar la Navidad cada año con una familia del pueblo, y así no estaría solo, tendría amigos, regalos y viviría la ilusión de la Navidad. Él se puso muy alegre, y devolvió todo lo que se había llevado. Descubrió la felicidad y el espíritu navideño. Desde entonces, la época más bonita del año para Rubencito es LA NAVIDAD.



María Sarmiento. 12 años
“La noche de Reyes, y los regalos perdidos”
 
Sí, por fin había llegado el día más esperado por todos los niños, era el día en el que por la noche, todos los niños del mundo recibirían sus regalos deseados.

Melchor, Gaspar y Baltasar estaban apresurándose para empaquetar todos los regalos con ayuda de sus pajes. Cuando por fin ya lo tenían todo listo, cargaron los sacos llenos de los obsequios en cada uno de sus camellos, pesaban demasiado, y los sacos no resistirían mucho. Los tres Reyes Magos no pararon de hablar durante todo el camino, pero cuando llegaron a la primera casa y fueron a coger los regalos… 

- ¿¡DÓNDE ESTÁN!? – Dijo Melchor
- Ohh ohh…Creo que no eres el único al que le faltan – Añadió Baltasar 
- ¿Y ahora qué hacemos? – Preguntó Gaspar 

Tenemos un gran problema, creo que no vamos a poder entregar los regalos hoy, no nos va a dar tiempo a recogerlos todos, y sería injusto que unos tuvieran y otros no.

-Pensaron los tres

Así que decidieron escribir un breve texto donde se anunciara lo ocurrido y anunciarlo en todo el mundo.

Cuando la noticia le llegó a María y a Adrián, una pareja de hermanos que vivían en Andalucía, se entristecieron mucho, pero a los dos se les ocurrió una gran idea. Iban a intentar contactar con los tres Reyes Magos para ayudarlos a volver a preparar todos los regalos y que todos los niños pudieran abrirlos a la mañana siguiente. Y así lo hicieron. Al principio, a ellos les pareció una locura, pero no les quedaba más remedio.

María y Adrián salieron silenciosamente de su casa sin que sus padres los descubrieran, y al salir, dos camellos los estaban esperando en la puerta. Se quedaron asombrados, pero cuando se montaron, como por arte de magia, aparecieron en la fábrica de juguetes donde se habían fabricado los que se habían perdido. Y allí aparecieron Melchor, Gaspar y Baltasar. Se tenían que dar mucha prisa, así que corriendo miraron las listas de todos los niños y fueron eligiendo los regalos en una pantalla que automáticamente enviaba el modelo a una máquina, y, en un abrir y cerrar de ojos, habría fabricado el regalo. Eran las 12, y tenían hasta las 6 de la mañana, pero en 3 horas, con mucho esfuerzo y rapidez, acabaron. Estaban muy agotados pero todavía les quedaba repartirlo todo. Se montaron todos en sus camellos, hasta María y Adrián, que como muestra de agradecimiento, los Reyes Magos los habían invitado a repartir los regalos. Como eran 5 personas, acabaron muy rápido. Pero todavía les quedaba una casa. Y sí, era la de los hermanos. Ellos se tuvieron que entrar, ya que no podían ver sus regalos. Estaban deseando llegar a su casa, por un momento pensaban que no lo harían nunca, había sido un día agotador. Así que se fueron rápido a la cama, y cayeron como una marmota. Al día siguiente, se levantaron desesperados por ver sus regalos, pero en su habitación, encontraron una carta que decía: 

“Queridos hermanos, os agradecemos mucho vuestra ayuda, así que queremos compensaros haciéndoos un regalo que lleváis mucho tiempo esperando.

Esperamos que os guste” Bajaron al salón, y vieron que había un perrito. Fue el día más feliz de sus vidas.


EL REGALO DE CARLOTA

Candela Gracia. 9 años
Había una vez, una niña llamada Carlota. Que vivía con sus padres en una lejana casa de Londres. Carlota era una niña muy risueña, con un corazón enorme y un gran espíritu de Navidad. Cada año preparaba con gran ilusión el árbol de navidad junto a sus padres. ¡Era la época más esperada y la que más hacia feliz a Carlota y su familia!

Pero cuando Carlota cumplió 9 años su madre falleció, debido a una grave enfermedad. Toda aquella ilusión y magia que tenía Carlota se apagó por completo.

Pasaron cinco meses desde el fallecimiento de su madre y Carlota no lo había superado todavía, llegó Navidad y en ese año en Londres se celebraba una gran fiesta. Su padre que había comprendido que tenía que ser fuerte por su pequeña Carlota, intentaba animarla hablándole de su madre, pero no terminaba de funcionar. El padre la convenció para acudir a la fiesta de Navidad. Allí se intercambiaban regalos entre familiares y amigos. Carlota no preparó ningún regalo ya que no había previsto acudir a aquella gran fiesta. Pero su padre a ella sí que le tenía una gran sorpresa preparada.

Su padre había envuelto en una cajita, una peonza, unos auriculares nuevos y un yoyo. Carlota le dio las gracias aún desanimada. Su padre recordó algo, le dijo a Carlota que se quedara un momento ahí y el padre se dirigió hacia su casa.

Cuando llegó fue en busca de una bolsita que había en su habitación bien escondida. La cogió y volvió a toda prisa a la fiesta, donde Carlota lo esperaba de brazos cruzados:

-Toma hija, esto es un regalo que te dejó mamá antes de irse. - exclamó el padre.

A Carlota se le saltaron las lágrimas y lo abrió. Dentro había una carta en la cual ponía:

“Hola Carlota, soy mamá. Este regalo me costó mucho encontrarlo, pero lo encontré, ya que yo sé que para ti es muy especial. No sé si cuando leas esto yo estaré a tu lado aún, pero por si acaso quería decirte que eres muy importante para mí, para tu padre y para todos. Ahora dirígete a la casa de la abuela y tendrás el regalo que siempre quisiste. ¡No sigas leyendo y dirígete ya, corre!”

Carlota con todavía lágrimas en los ojos, se dirigió a casa de su abuela y entró a toda prisa. Allí encontró un hermoso perrito y Carlota siguió leyendo....

“Bueno, ¿Ya has llegado?, ¿Has visto mi regalo?, ¿Te gusta? Este perrito se llama Navidad, si, resulta un poco raro, pero tiene sus razones. ¿Te acuerdas como nos gustaba la navidad cuando eras pequeña? ¿Y cómo se llamaba el peluche que te regalé cuando eras muy pequeñita? Pues mira, para que no me olvides y no pierdas esa ilusión tan bonita que tiene la navidad. Te quiere, Mamá.”

Carlota lloró bastante y corrió a toda prisa a reencontrarse con su padre, el cual la esperaba justo detrás de la puerta. Se fundieron en un tierno y dulce abrazo. Y gracias a su perrito “Navidad” Carlota nunca más volvió a perder la ilusión de esta mágica época. Y siempre tuvo a su madre muy cerca de ella. FIN.


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